CONTAMINACIÓN MENTAL

JFE.jpgYa se va fue Febrero y con ello  el verano, la playa, el sol, el campo, el calor, los atardeceres bellos, los festivales. Comienza marzo con la restricción vehicular, con la entrada a clases, con la entrada a los trabajos, con el estrés de la rutina, con la tarjeta bip, con la contaminación ambiental, acústica y mental.

Durante marzo nos llenarán de carteles como deje bajar antes de subir, no fumar, no correr, salida, entrada, tras la línea amarilla, horarios de viaje, horarios de comida, hora de entrada, baje por atrás y otros tantos avisos e instrucción que no hacen nada más que elevar nuestra contaminación mental.

No puedo olvidar aquel día cuando un niño de tan solo 5 años en su primer día de clases, con el pelo bien peinado, la camisa adentro, los zapatos bien lustrados y la mochila más moderna de todas, los padres orgullosos. Su abuelo al despedirse le abrazó y lloró en el hombro del pequeño, el niño con su inocencia le preguntó: "¿Qué te pasa abuelito?" El abuelo le respondió "hoy dejarás de ser un niño, tendrás que asumir responsabilidades, y quiero que sigas siendo un niño, ya no disfrutarás la vida". Ell niño no lo entendió en ese momento, pero ahora cree que le han contaminado la mente, ya se lo habían advertido y aquí lo escribe.

Comienza marzo, y vuelven las contaminaciones. Las basuras se quedan en las regiones, los gases rondan el sur y el norte, los campos tomarán un respiro, y las costas con un mar que tranquilo las baña, tendrán los centros de turismo todo un año para limpiar las contaminaciones y esconderlas debajo de la alfombra durante un tiempo. Sin embargo nuestras mentes solo tuvieron 15 días para esconder las porquerías y ya es el momento de volver a sacarlas.

Para descontaminar nuestras mentes deberíamos eliminar la TV, la radio, las revistas, el diario, el SQP, el MQH, el CQC, el MCC, las instrucciones, los sermones, el internet, las cámaras, los celulares, los MP4, MP3, Ipod, los avisos publicitarios, las bocinas, los insultos. Un lunes por la mañana recorrí las calles de Santiago a mirar las mentes contaminadas: la gente agolpada en los paraderos alegando contra nadie, repletando las tiendas comerciales, los centros de pago, y otros tantos solo aplanando la calle o afirmando una que otra esquina.

En la Torre Entel un viejo extranjero español con un par de cartulinas llenas de símbolos y lleno de gente a su alrededor tratando de descifrar lo que quieren decir más otras tantas creyendo saber lo que dicen; mientras pedía limosnas: ¿un genio u otro ser más con la mente contaminada? Seguí caminando hasta llegar a ese edificio que está frente a la calle Rosas, creo que le llaman Biblioteca Nacional, y descubrí por qué en las bibliotecas siempre hay mucho silencio. No es porque haya gente leyendo, sino, porque nunca hay alguien. Ahora entiendo por qué el sonido no se propaga en el vacío. No puedo dejar de leer "Los vicios del mundo Moderno" de Nicarnor Parra.

 

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